miércoles, 8 de abril de 2015

Tu mirada me hace grande

   Maldita Nerea ya lo predijo hace unos cuantos años, entre sus acordes se colaron esos sentimientos a modo de una letra tan terrenal como acertada. Si cada uno de nosotros nos parásemos unos segundos y nos preguntásemos, ¿de quién es esa mirada que me hace grande?, ¿qué responderíamos? Apuesto a que las respuestas incluirían afirmaciones tales como:

- La mirada de mi novio/a
- La mirada de mi hijo/a
- La mirada de mi madre/padre
- La mirada de mi amigo/a
- ...

   Estamos siendo observados constantemente en nuestro día a día, casi nunca somos conscientes de las miradas que conocidos y extraños nos dedican, desinteresadas, amables, indagadoras, envidiosas, cariñosas, ...

   Y la magia, para bien o para mal, se produce en ese momento en que alzamos nuestra vista y coincide en tiempo y espacio con la de otra persona, se establece un nexo comunicativo en el que el tiempo y el espacio viajan unidos junto con una enorme cantidad de sentimientos a través de la mirada.

   Sin duda alguna, me quedo con esa magia buena, con la gente buena que tiene el don de producir esa magia en mí, de hacerme grande.

Con tu mirada, día y noche, a lo ancho y largo del espacio que nos une.

lunes, 2 de marzo de 2015

Alma Soplada

Es emocionante poder sentir que el alma se ensancha en ocasiones hasta límites que uno todavía no había descubierto. Derruir el muro y liberar ese espacio que permanecía oculto, como ese concienzudo minero que, sin pretenderlo, descubrió las maravillas que albergaba la Cueva del Soplao. Creedme que así me siento yo, fascinado por la grandeza de las maravillas que han aflorado en mi 'alma soplada'.

A todas y cada una de ellas, les rindo tributo poniéndome a sus pies por haberme bendecido con su presencia, por poner luz a cada amanecer, por hacerme grande en los momentos de flaqueza, por el calor de los encuentros.

No os quepa duda de que ya os guardo en un rinconcito bien adentro de mi corazón, donde nada ni nadie os podrá hacer daño nunca, donde sin duda sois muy queridas, y donde seréis eternas.


lunes, 19 de enero de 2015

Cometas por el cielo

¿Sabes? Desde pequeños siempre se nos ha ilustrado sobre grandes deidades de civilizaciones antiguas, esos míticos dioses y pseudo-dioses que muchos afirman nacieron mortales para vivir eternamente en la inmortalidad de los renglones que la Historia escribe a cada segundo, unas veces más torcidos que otras.

Nos han enumerado hasta la saciedad sus maravillosas virtudes, nos han contado batallas épicas que se decidieron por su intervención divina, nos han regalado milagros que sólo tendrían cabida en un mundo de ciencia ficción. En fin, adoramos aquello que desconocemos, seguramente por la magia que desprenden los personajes en torno a los cuales se crearon esos mitos. No seré yo quien los desmonte, si no todo lo contrario, los alabo porque en su conjunto producen una sensación en mi interior que me aporta paz.

Y a día de hoy, reflexiono sobre este tema, y me doy cuenta de que esa lista se ha ampliado considerablemente. Reconozco que siempre he sido politeísta (o como se diga). Creo en las personas, en sus logros, en sus luchas, en sus reivindicaciones, en sus sentimientos. Creo porque veo.

Creo que tienes mucho de mágico, produces milagros, ganas batallas épicas, tus enseñanzas están basadas en tus ejemplos, das sin esperar nada a cambio, los que te conocemos creemos ciegamente en ti, y sin ningún tipo de duda, te profesamos un cariño sincero y cercano. 

Eres un dios en la tierra, que causas un tremendo respeto y admiración allá donde nos regalas con tu presencia, nos das enseñanzas valiosísimas, pero sobre todo, por encimísima de todo ello, nos regalas un lazo de unión personal que nos mantiene unidos a ti tan fuertemente como el hilo que une la inocente mano de un niño con su cometa dibujando siluetas en el cielo.

Dedicado a ti, por llenar de tantas cometas este cielo que nos reúne a todos.


miércoles, 26 de noviembre de 2014

Agua de Vida

      En cada nuevo rincón que descubro en mis idas y venidas, siempre aparece ella. No importa lo recóndito del lugar ni lo inaccesible, ella siempre está ahí. Si elevo mi vista al cielo, o si la hundo en lo profundo de la tierra, si cierro los ojos, si doy media vuelta,..., me atrapa en su belleza y pureza, en su simplicidad, en su fuerza ancestral.

      Estoy deseando perderme para volver a encontrarme con ella y maravillarme en sus mil formas de sorprenderme. 

      Con el agua... Con la vida...


martes, 21 de octubre de 2014

En Mareas Misteriosas

   Es enriquecedor participar como un mero espectador de la inmensidad del mar. Un mar lleno de vida, de secretos, de tesoros, de historias de piratas, de muerte seguramente.

   Me apoyo en la barandilla que cubre el paseo marítimo, cierro los ojos, tomo aire intensamente, y abro los ojos mientras dejo salir el aire lentamente de mis pulmones. Y se me dibuja una sonrisilla en la cara por poder ser una pequeña gota en este inmenso mar que en algún lugar pasa a ser océano. Me divierte ver la alocada carrera de un perro por la orilla de la playa, jugando con las olas que mueren en la arena; me admira ver el atrevimiento y la soltura de aquellos que se atreven a dominar el mar sobre su tabla de surf; me da envidia ver a aquellos que tumban sus cuerpos en la arena o que disfrutan del tiempo con un par de palas y una pelota. La cara calmada, tierna del mar, la versión familiar.

   Tomo un sendero que bordea la costa, y llego a un pequeño acantilado. Vuelvo a cerrar los ojos, vuelvo a tomar aire intensamente, y vuelvo a abrirlos dejando escapar lentamente el aire. Mi primera intención es dar un paso atrás. Aquí el mar está bravo, furioso, guerrero. Enviste con fuerza las rocas de los acantilados una y otra vez. Siento respeto, que no miedo. Bueno, tal vez un poco sí. Me invento una historia de piratas, de esas en las que el barco acaba chocando contra las rocas, y muere en el fondo del mar. De esas en las que el mar se encargará de trasladar las almas de los ahogados a la otra orilla para su descanso eterno.

   Retomo el sendero, que me termina llevando hasta el faro. Hasta ese rayo de luz que ilumina la noche, que da esperanza en las noches de tormenta, que reta constante a los llantos del mar. Ese que desde aquí, domina a lo largo y a lo ancho hasta donde la vista se pierde con el horizonte. Ese que se me ha presentado como un compañero inesperado de viaje en mareas misteriosas.

   El viaje ha comenzado. La vela está izada. Voy sin brújula, pero con rumbo. Y un cofre bien cargado de tesoros que nadie me arrebatará jamás, y a los cuales espero añadir otros tantos igual de valiosos.

   Y por supuesto, una botella de ron.


sábado, 13 de septiembre de 2014

De Beethoven a Bach

      Siempre me había sido bastante indiferente todo lo referente a la música clásica. Cierto es que, como la gran mayoría, siempre he tarareado alguna de las piezas más conocidas, pero como algo automático, no realmente porque me hayan gustado. Reconozco que hasta le he visto más bien poco sentido a este tipo de música.

      Cuán equivocado estaba.

      Un buen día, así como por arte de magia, mi mente se abrió y se rindió ante este estilo musical, las notas comenzaron a hablarme y a desvelarme los secretos que guardaban desde hace siglos, mi mente comprendía, y mi corazón sentía. Desde entonces he mantenido varias conversaciones con Beethoven, Bach o Verdi, entre otros.

      Ellos han sido capaces de liberar ese rinconcito de mi mente encerrado bajo llave. Una llave que tenía forma de clave de sol, cuyas notas me rodeaban como si de amantes de tratasen.

      Gracias a ellos, a los que crecieron humildes para mantenerse eternamente grandes, fui capaz de encontrar el hilo conductor a un proyecto que desde pequeño siempre ha rondado por mi mente, y que en un día espero no muy lejano, termine viendo la luz en este mundo rodeado de luces y sombras.


jueves, 14 de agosto de 2014

Agosto de calor...

            Siete de la mañana. El despertador suena puntual a su hora, no me da ni un minuto de tregua. Ni tan siquiera para poder saborear las últimas imágenes de ese sueño que ha invadido mi subconsciente durante toda la noche. Se desvanece sin más dando paso a la realidad, a la rutina, la de prepararme un café cargado con medio sobre de azúcar, la de calzarme las zapatillas de deporte cubiertas de polvo, la de la espera que aguarda con quietud por centésimo día.

            Cargo mi reproductor MP3 con esa lista de reproducción que comienza sonando con las notas que se escapan del violín de David Garrett, y que después continúa con esa voz rota de Bryan Adams, para poco a poco ir cediendo el protagonismo a canciones más cañeras dignas de una clase de spinning.

            Gafas de sol, ropa cómoda. Hoy ha amanecido algo más fresquito el día, el leve viento que se levanta ayuda a comenzar la caminata con un poco más de entusiasmo. Ya habrá tiempo para el calor a lo largo del día. 

            Dejo atrás los caminos de alquitrán para adentrarme en los de tierra, tal y como años atrás hacían nuestros padres, nuestros abuelos, y los abuelos de nuestros abuelos. Caminos que van de la mano de pequeños riachuelos, que se cobijan en la sombra que nos regalan los árboles, que a su vez nos regalan eternos cantos de pajarillos que anidan en sus ramas, o que simplemente han parado para tomar aire y continuar su viaje por el cielo.

            El camino se bifurca en dos. El de la izquierda es el que toma la gente que va adelantada a mis pasos. ¿Por qué no igualmente con el de la derecha? Yo no quiero ser como toda la gente. Saciaré mi curiosidad. Se cumple ya casi una hora de caminata, alrededor de 6 km caminados, y la lista de reproducción va apurando sus últimas canciones que vuelven a ser más calmadas. A mí todavía me quedan fuerzas para posponer el punto de media vuelta a casa.

            "A medianoche en el acantilado, yo llego tarde, tú estás esperando ya frente a las olas imaginando, cómo sería dar el salto...". Amaral siempre tan acertada. Llego a un pequeño rinconcito en el que surge un pequeño lago cuyas aguas son movidas por una pequeña noria hidráulica, y cierro los ojos y mi mente viaja hasta la playa de Riazor y vuelvo a sentir ese viento del mar que nubla la mente y la vista.

            No puedo evitar sentarme unos minutos, sacar un cigarrillo, y fumarlo como un poseso. Agosto se está haciendo más largo de la cuenta, y el calor no ayuda.

            Septiembre vendrá con tormenta, siempre lo hace.