jueves, 4 de abril de 2013

Primavera des-anticipada

Ni vuelven las oscuras golondrinas, ni florecen los cerezos del Valle del Jerte, ni siquiera el sol se atreve a acariciar nuestra piel. Algo ocurre por ahí arriba que mantiene ocupados a los dioses mitológicos y nos tienen bastante descuidados.

O tal vez nos hemos descuidado tanto a nosotros mismos que ya ni nos extrañamos al respecto, y preferimos agachar la cabeza esperando a que amaine el viento, o que la lluvia empiece a caer hacia arriba.

En cualquier caso, parece que la primavera ha llegado con pocas ganas de protagonismo, y en un alarde de pasar desapercibida, cualquier día sin previo aviso, dará paso al verano. ¿Cuántas veces hemos pasado nosotros por lo mismo? ¿En cuántas ocasiones hemos preferido pasar de puntillas para no hacer mucho ruido y que nuestra presencia pase inadvertida? ¿Acaso tenemos miedo de ocupar en la vida el lugar que nos corresponde?

jueves, 14 de marzo de 2013

Decir lo correcto

¿En cuántos momentos de nuestra vida nos sentidos obligados moralmente a callar aquello que realmente pensamos para ponernos una máscara que sea de agrado a los demás? ¿Cuántas veces al cabo del día somos capaces de fingir nuestras opiniones? ¿Nos pesa más no disgustar a alguien con una falsa opinión que mentirnos a nosotros mismos? ¿Qué precio tiene ejercer una psicología que no somos capaces de abarcar? ¿Hasta dónde tenemos capacidad de aguantar sobre nuestro hombro conductas absurdas? ¿Realmente somos conscientes de que a nosotros también nos prestan un hombro amigo en el que poder desahogar aquello que tanto nos aprieta por dentro?


¿Cuándo vamos a dejar de decir lo correcto para exponer aquello que somos/pensamos/sentimos?

lunes, 18 de febrero de 2013

La puerta a los infiernos

Siento que a cada grano que se deposita en la parte de abajo del reloj, se va apretando más el nudo que rodea mi garganta, me aleja un centímetro más del cielo para acercarme más al infierno. Veo dos guardianes custodiando la puerta que da acceso al mismo, de aspecto sereno y seguro, como asegurándome que no tengo nada que temer, que ya todo está hecho. Da igual que mire para otro lado, los granos de arena siguen cayendo, van cubriendo mis pies y me cuesta mucho moverme. Los guardianes me siguen diciendo que no me preocupe, pronto todo habrá terminado. La arena sobrepasa ya mi cintura. Extraño ataúd de arena y sal para albergar el momento presente. Los guardianes extienden sus brazos, la arena cubre ya todo mi cuerpo, y con un golpe certero los guardianes rompen mi ataúd para hacerme libre... para descender a los infiernos... para enterrar el presente.

martes, 29 de enero de 2013

Adivina cuánto te quiero

Últimamente no encuentro momentos esos momentos que me inspiran para escribir, pero ayer me regalaron este libro, y no quería dejar de compartir esta historia con vosotr@s.



lunes, 7 de enero de 2013

Los piratas llegan a puerto

            Si, los piratas. Que por estas fechas no sólo los Reyes Magos son los que vienen a visitarnos (aunque mi puerta debe de ser como las que construían los enanos de El Señor de los Anillos, invisibles, y que sólo se ven por aquellos que conocen de su existencia).

            Piratas de botella de ron en mano o no, con Jack Sparrow como capitán o no, perseguidos por Barbanegra o no, nunca lo sabré, pero la cuestión es que me encontré con unos piratas muy poco al uso, la verdad sea dicha. También desconozco de la existencia (o no) de algún Triángulo de las Bermudas por esta zona mediterránea que les haya hecho tomar tierra justamente aquí.

            La cuestión es que me invitaron a subir a su barco porque traían consigo algo importante para mí. Algo que es probable que me cambie la vida, aunque lo cierto es que ya ese cambio ya se estaba produciendo, solo que tal vez yo no era consciente de ello.

           "¿Te atreves a surcar el mar aunque ello te pueda costar la vida?"

         No le tengo miedo a la muerte, si no a la vida que se me niega vivir.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Jesús vs Judas

            Y en esto que se termina el año en apenas tres días, hay quien gusta de acompañarse de un té con un toque de canela, un poco de incienso llenando la habitación de aparente calma, y Enya recordando que el invierno no ha hecho más que comenzar; todo ello para hacer balance de lo bueno y lo no tan bueno que ha acontecido a lo largo del año que en breve hechará el cierre por defunción.

            Es indudable que han habido innumerables sucesos buenos durante este año, al igual que es innegable que las cosas malas nos han venido dando ostias por todas partes (si, hablo de política, y si, también hablo de todo aquello que no es política). Conocer el resultado de dicho balance sería una buena manera de establecer el punto de arranque para el año que el calendario está a punto de parir.

            Pero, yo no quiero saberlo. No me apetece sumar las cosas malas, al fin y al cabo ya han pasado y lo de viajar atrás en el tiempo sólo es válido para Michael J. Fox. Y las cosas buenas las he ido disfrutando al máximo conforme han ido teniendo lugar. No quiero presenciar una pelea en la que Jesús y Judas midan sus fuerzas, si se quieren zurrar allá ellos, a mí me da bastante igual.

            Aunque debo reconocer que esto de que Jesús tenga amistad con el 'jefazo' le da ventaja para darle de ostias (nunca mejor dicho) a aquel que para hacer el mal lo único que supo hacer fue señalar con el dedo.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Extraño lucero de noche

            Cuando crees que has recorrido todos los pasillos que conforman un laberinto y que no queda ya nada por descubrir, de repente te encuentras con una tímida luciérnaga que se posa sobre tu hombro y te susurra al oído: "Vamos, inténtalo una vez más. Yo te voy a ayudar.".

          La luciérnaga, que ha llegado solitaria, pero que probablemente ha estado días y noches enteras a que llegara a su encuentro, comienza a volar como si de un pequeño lucero traído por pequeños duendes se tratase, invitándome a levantarme una vez más, a apretar los puños con fuerza, y a caminar fijando la vista lo más lejos que jamás en la vida he sido capaz.

          Con sus movimientos no faltos de gracia, me va guiando entre altas paredes de arbustos, esquivando las ramas que me obligan a agacharme para evitar rasguños en la piel que, a cada paso, ha ido convirtiendo el frío de la noche en una cálida sensación que hace más llano el camino de vuelta.

            ¿De vuelta a dónde? 

           Algo me dice que esta luciérnaga a venido para llevarme de vuelta a una realidad que ya creía de otro mundo al cual me estaba negada la entrada. Es hora de regresar a casa, una vez más.